domingo, 11 de marzo de 2012

ANÁLISIS Y VÍAS DE SOLUCIÓN PARA LA ACTUAL CRISIS ECONÓMICA POR ENRIC RAVELLO



Mucho se habla de la crisis, de sus consecuencias y de sus posibles soluciones. Como vemos en Grecia, en Italia y ahora en España, los análisis son erróneos, pues la “soluciones” aplicadas sólo provocan un empeoramiento de la situación, que lo será aún más conforme se apliquen medidas de restricción y destrucción como las que ha aprobado el gobierno de Rajoy. El error parte de considerar a ésta como una crisis coyuntural, cuando la crisis es estructural y afecta a todo el modelo económico neoliberal, a sus presupuestos ideológicos y a sus aplicaciones concretas. La crisis es profunda y por lo tanto la rectificación es necesariamente urgente y contundente.

La inestabilidad intrínseca de los mercados. La falsedad del modelo liberal.

La crisis es inherente a la naturaleza propia de la economía capitalista. El principio del modelo económico liberal se basa en la no injerencia del poder político en la esfera económica (en la práctica en su subordinación) y en la autorregulación de los mercados que por sí mismos realizan la compensación de la situación (la famosa mano invisible de Adam Smith).

La inestabilidad de los llamados “mercados especulativos” es una idea que ha aparecido desde hace poco tiempo también en la literatura económica de divulgación.  Los mercados convencionales (es decir los no especulativos o mejor dicho los bienes que están en el mercado con criterios de producción y consumo y no como objeto de especulación) tienden al equilibrio por la ley de la oferta y la demanda. Lo contrario ocurre con los “mercados especulativos” (las llamadas “bolsas” o  la vivienda en la España de la época del boom de la construcción) en los que por su propia naturaleza no hay precio de equilibrio. Veamos: si el precio de unas acciones o de las viviendas entendidas como mercado especulativo sube, muchos inversores piensa que se trata de una tendencia general y compran más (acciones o viviendas) pensando que aún subirá más y podrán vender más caro; esta misma demanda producirá que el precio aún suba más y así sucesivamente, esto es lo que pone en marcha una “burbuja” especulativa, como la que sufrió España con el boom de la construcción. Es evidente que cuando la burbuja llega a su punto de inflexión y entra el “miedo” por la baja de precio del objeto de especulación (acciones, vivienda) la dinámica inversa es igualmente drástica. Es decir, puede ocurrir que las subidas de precio hagan aumentar y no disminuir la cantidad demandada, y que las bajadas del precio hagan aumentar y no disminuir la cantidad ofertada. En estas condiciones es imposible lograr un equilibro de mercado. En lugar de ese equilibro de mercado (situación óptima y estable) tenemos oscilaciones permanentes alcistas y bajistas, con momentos álgidos de “euforias” y “pánicos” (situación de inestabilidad permanente).

La génesis de la crisis actual fue algo así: todo el mundo creía que el precio de la vivienda siempre subiría y que la economía siempre crecería. Eso hacía que hubiese mucha confianza y que el crédito fuese fácil. Precisamente por eso los precios seguían subiendo y la economía seguía creciendo (“profecía autocumplida”) y eso hacía aumentar la confianza y el crédito, etc. etc. Una típica burbuja pero no en la Bolsa sino en el sector inmobiliario y en el sistema financiero en general. La gente pensaba que todos pensaban que todo seguiría creciendo eternamente, de manera que todos invertirían más y más, y efectivamente todo seguiría subiendo. Esos procesos en los que funciona el 'pienso que piensan que pienso...' no se regulan solos, no tienden al equilibrio; provocan grandes oscilaciones traumáticas.

Hay que señalar que esta inestabilidad afecta también a los llamados “mercados estratégicos”, es decir los mercados en los que los agentes económicos no tienen sólo en cuenta los datos objetivos de los costes, producción, demanda, etc., sino también lo que puedan pensar los agentes concurrentes en ese mercado. Con lo que se entra en un círculo vicioso que impide la existencia de una posición de equilibrio.

El gran problema es que cada vez más partes de la economía funcionan como mercados especulativos o, al menos, como mercados estratégicos. La economía ya no se basa en la oferta-demanda tendente al equilibrio sino en la hipótesis especulativa y por lo tanto tiende al desequilibrio permanente que origina graves crisis como la actual.

En todo esto hay un factor añadido: la globalización ha borrado las barreras protectoras entre los diferentes mercaros: ha aumentado el número de posibles focos de desequilibrio y la facilidad con que cada foco afecta a todo el resto del sistema. Con lo que aumenta la facilidad de transmisión de perturbaciones. Baste recordar que la crisis actual se originó con la crisis de las sub-primes en Estados Unidos.

Evidentemente todo esto tiene una clara conclusión teórica: la mano invisible no funciona en la regulación de los mercados, y por lo tanto la aplicación de una política económica neoliberal lleva necesariamente a desastres económicos periódicos cuya solución va a ser cada vez más difícil. Ante esto sólo cabe una solución, rechazar el principio (neo) liberal y que el poder político tome cartas en el asunto, especialmente en la regulación de las fronteras (flujos económicos y especulativos) y aranceles así como en la actividad especulativa de los mercados internos.


El papel destructivo de la globalización.

Hemos señalado el papel de la globalización en la extensión de la inestabilidad de los mercados. Son más los aspectos negativos de este fenómeno en la economía española y europea.  Sin entrar en más detalles de orden ideológico, en los término de este artículo diremos que la globalización –fundada en principios igualmente liberales- es la tendencia a transformar el mundo en un único mercado sin fronteras internas ni aranceles, en el que dejen de tener sentido las economías nacionales, o las economías centradas en áreas etnopolíticas más amplias como Europa, para tener una única economía mundial también regida por la famosa “mano oculta”. El resultado de todo esto es simplemente catastrófico: productos del Tercer Mundo inundan los mercados occidentales, productos generalmente producidos en condiciones de semi (?) esclavitud que entran a precios bajos ante los que es imposible la competencia de los fabricantes occidentales.  Como consecuencias se destruye la producción interna , por lo tanto aumenta el paro y como consecuencia cae el nivel adquisitivo de los trabajadores europeos y por lo tanto el consumo se paraliza, llegando a una situación de estancamiento económico y de crisis de productividad y consumo, es decir el colapso económico y consecuentemente social.

Factor añadido a esta situación son las deslocalizaciones. Las empresas medias y pequeñas europeas no pueden hacer frente a la competencia (desleal y amoral) de los productos del Tercer Mundo, pero algunas grandes empresas sí pueden hacerlo: desmontando sus factorías en Europa, donde dicen que los salarios son “altos” (“dignos” diríamos nosotros) y se instalan en el Tercer mundo donde a base de pagar sueldos de miseria aumentan la cuota del beneficio del capital. Resultado: se agudiza el ciclo de empobrecimiento y paro del trabajador europeo, lo que tiene como consecuencia la reducción del consumo que lleva a la parálisis económica.

Ante esta situación sólo hay un “arma”, arma tabú para los neoliberales y para los popes del mundialismo. Un arma, que todos los Estados han usado normalmente a través de la Historia para defender sus economías y por lo tanto sus sociedades, se llama: “arancel”. Y éste es el gran problema de la política de la UE (un magnífico organismo si estuviera en manos identitarias, pero una catastrófica realidad al estar en manos de liberales y mundialistas). Una UE que se niega a entender el arancel como “arma” dentro de una concepción nacional (europea) de la economía (y por lo tanto antiliberal).  Insistimos el arancel ha de ser entendido como arma económica cuyo objetivo es frenar la entrada de productos extraeuropeos y asegurar el tejido productivo local, y no sólo como un elemento de “compensación” dentro de la lógica mundialista y librecambista de la economía, cuya finalidad es simplemente “equilibrar” el precio del producto extranjero al que se deja entrar libremente en el territorio europeo, añadir que ni siquiera la UE cumple este segundo objetivo, pues con los actuales aranceles los productos del Tercer Mundo, no entran al mismo precio de los producidos aquí sino a uno menor. Situación que se agrava muchísimo más si tenemos en cuenta las políticas comerciales comunitarias en las que, mediante rebajas arancelarias, las importaciones de productos de países en (eterna) “vía de desarrollo” , en el marco del llamado Sistema de Preferencias Generalizadas (SPG) se rebaja el arancel al casi el 65% de los productos que entran en Europa.  Más llamativos aún son los “acuerdos preferenciales” que otorgan todo tipo de beneficios –en la práctica nunca recíprocos- a países de trato “especial” como Turquía, Israel o Marruecos, cuyas productos agrícolas están siempre en competencia con los de los países de Europa del Sur, España de modo especial. El último y vergonzoso acuerdo de la UE con Marruecos es un ejemplo de este disparate.

Graves errores conceptuales sobre el crédito y el gasto.

Se  nos intenta explicar las causas y la solución de la crisis con un razonamiento erróneo, cuya aplicación por parte de los gobiernos está logrando agudizar la espiral de la crisis en vez de empezar a remontarla. “La crisis se ha originado por un exceso de crédito y de gasto, de modo que la solución tiene que consistir en una restricción del crédito y del gasto”; la premisa es correcta, la consecuencia no lo es. De hecho cuando estalla la crisis se entra en una fase en la que se contrae el crédito y el gasto (de hecho eso es precisamente la crisis), si se toman las medidas que están tomando, es decir, reducir aún más el crédito y el gasto, lo único que se hace es aumentar la crisis, que es precisamente lo que está ocurriendo en Grecia, donde las primeras medidas de ajuste sólo lo han logrado empeorar la situación que ahora serán aún peor cuando se apliquen las medidas del recientemente aprobado segundo ajuste.

El error conceptual está en que los agentes económicos (tanto gobiernos como bancos) hacen políticas pro-cíclicas, es decir en la fase ascendente aumenta el gasto público y la oferta de dinero (es decir el crédito), con lo que se acentúa la oscilación hacia arriba, disparando los precios, entre otras consecuencias. Ahora vemos que en la fase descendente disminuye el gasto público y el dinero escasea, con lo que se contribuye a agravar esa misma fase descendente.  Y el error consiste en no entender que no hay que hacer políticas pro-cíclicas, sino –y más aún en fases descendentes como la actual- en hacer políticas anticíclicas que atenúen las oscilaciones extremas en uno u otro sentido y tiendan a la estabilidad y el equilibrio; es decir menos gasto público y menos oferta de dinero cuando la economía se acerca al pleno empleo y más gasto público y más oferta de dinero cuando se entra en recesión. Justo al revés de lo que se ha hecho y de lo que se está haciendo. 

Importante es señalar el papel que debería tener en esta crisis el Banco Central Europeo (BCE). La idea  que preside su actuación es que los Gobiernos deben hacer ajustes fiscales y recortes porque no tiene dinero suficiente para sostener el nivel actual de gastos, pero a esto hay que contestar que precisamente la tarea del BCE debería ser crear y ofrecer ese dinero (a través de la compra de deuda soberana de la UEM). Sin embargo el BCE no está cumpliendo con esta tarea –que actualmente está prohibida por la normativa comunitaria vigente-  y está dejando que sean bancos privados los que compren deuda de los respectivos estados; una muestra más de que el BCE no es lo que debería ser (una institución bancaria al servicio de los pueblos europeos) sino una instrumento al servicio de la finanza internacional privada, pues la inhibición de su teórica tarea favorece la acción de esta última. El BCE debería estar sometido a un control político, que actualmente es inexistente.

El momento de cortar el déficit público será precisamente cuando se inicie de nuevo la senda del crecimiento, momento en el que habrá que vigilar atentamente –no como se hizo en la última fase ascendente- que el exceso de oferta de dinero no dispare de nuevo la especulación financiera. Es en esta fase de la crisis cuando el drama más profundo tiene un solo nombre: el paro, hay que substituir la idea oficial de “equilibrio fiscal” por la de “equilibrio fiscal en pleno empleo”, para ello el Estado debe gastar (repetimos debe gastar) de modo que impulse el crecimiento económico y el empleo, y será este aumento del empleo –cuyo objetivo será la situación más cercana posible al pleno empleo- el que logrará el equilibro fiscal, por el crecimiento de la recaudación y la disminución del gasto a los subsidios de desempleo y similares.
En conclusión afirmamos que la crisis actual es una consecuencia  intrínseca de la aplicación de un modelo económico injusto y fallido: el neoliberalismo y que la solución pasa necesariamente por el abandono de este modelo y su sustitución por un modelo en el que la economía sea entendida como un herramienta al servicio de la comunidad popular, sobre la que ésta misma ejerza un control a través de las instituciones políticas. Un modelo que rechace de plano la idea del mercado mundial y que proteja la producción y consumo propios mediante aranceles y medidas proteccionistas.  Somos conscientes de que esto implica señalar claramente un disfunción creciente e irreconciliable entre los intereses  de la alta finanza especulativa e internacionalista y sus apéndices políticos neoliberales, por una parte, y los de los trabajadores, pequeños y medianos empresarios europeos, por otra. En esta contradicción insalvable Plataforma per Catalunya es y quiere ser un instrumento político al servicio de nuestra gente y de nuestra comunidad  frente a las agresiones del neoliberalismo  y, la finanza especulativa y la clase política sumisa.

Enric Ravello.
Secretario Relaciones Nacionales e Internacionales de Plataforma per Catalunya.

 
 

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