Hoy finaliza la eurocopa 2012 de Ucrania y Polonia con una final interesante. España, única selección favorita realmente europea, contra la Italia del africano Balotelli. Lider y heroe de los que quieren una Italia multicultural y donde parece que solo juega este.
NO seria de extrañar que gane la selección transalpina por algún medio extraño con el fin de reivindicar la multiculturalidad europea frente al uniformismo español. Así que disfrutemos todavía de una España que, en poco tiempo, verá también aumentado su multiculturalidad más allá de lo anecdótico en contadas ocasiones como la victoria de la anterior eurocopa con Sena, un nacionalizado brasileño.
Aquí dejamos un artículo de Enric Ravello muy interesante en el que hace balance de la multiculturalidad futbolistica en Europa. Nuestra selección identitaria España. Nuestro equipo identitario: el Atletic de Bilbao. Ambos, precisamente, han jugado varias finales este año.
EURO 2012: CUANDO EL CIRCO NO ES INOCUO
Pan y circo, la fórmula es vieja pero efectiva. Y cuanto menos pan, más circo, lo estamos comprobando estos últimos años con una auténtico bombardeo de retransmisiones deportivas y el progresivo aumento del tiempo dedicado a estas cuestiones en los informativos de todas las cadenas. El pan escasea pero el circo está asegurado. Esta creciente importancia del deporte-espectáculo no tendría más problema si no fuera por su clara finalidad anestesiante y narcotizante sobre una población que en condiciones normales habría provocado ya estallidos sociales y hubiera puesto en graves aprietos a la clase política cuya nefasta gestión nos ha llevado al desastre actual.
Sin embargo lo peor del circo no es su función narcotizante –de por sí grave – sino la manipuladora y alienante. Es decir su función de mecanismo de propaganda en manos de las elites mundialistas para reforzar su discurso y su monopolio del poder. El fútbol –principal espectáculo de masas– ha sido un claro ejemplo de esa función instrumentalizadora y manipuladora del discurso “oficial”. Las últimas tres décadas han sido una tremenda y orquestada campaña publicitaria en la que el fútbol se ha usado como pantalla con la que vender la idea de una Europa “multirracial”.
Vamos a poner una fecha, un lugar y un partido concreto: nos referimos a la final de la Europa de 1984 en el parque de los Príncipes de París, entre España y Francia. El vencedor el –entonces sí– equipo galo, representaba a un país que hasta entonces había estado en la segunda fila futbolística. Francia, ganaba por primera vez en su historia un gran campeonato. Hasta esa fecha los jugadores de la selección francesa había estado formada por jugadores autóctonos, con anecdóticas excepciones como Tresor o Tigana, que no la convertían en una selección “multicultural”, como tampoco lo fue el Portugal de Eusebio. En aquellos años la inmigración en Francia empezaba a generar un rechazo importante en gran parte de la población y se asistía a la irrupción electoral del Front National. Para las mentes pensantes de lo políticamente correcto, la ecuación tenía una fácil solución: Francia se convertiría en una potencia futbolística a base de construir una selección con inmigrantes que fuese capaz de aunar a autóctonos y alógenos. La operación se puso en marcha y culminó con la final del Mundial del 98 organizado y ganado por Francia, en una final contra Brasil, en la que muchos aún se preguntar por la llamativa dejadez del equipo sudamericano en un partido de tal importancia deportiva. Era como si el guión estuviera ya escrito y nadie pudiera salirse de lo marcado. El guión incluía –nuestras retinas aún lo recuerdan– que la celebración del triunfo “francés” tuviese toda la escenografía propia de la “nueva Francia multirracial” con banderas tricolores combinadas con argelinas, marroquíes y senegalesas juntas y en armonía por los Campos Elíseos.
Esta enorme campaña de alienación ideológica, fue identificada como tal por una persona de la visión y la capacidad de análisis de Jean Marie Le Pen, que denunció inmediatamente esta estratagema y declaró repetidas veces: “esa selección no representa a Francia”, siendo constante desde esa fecha la denuncia del FN a el